La guitarra única en el mundo que me hizo un luthier después de que me robaran la mía
En 2006 me robaron la única guitarra eléctrica que tenía, justo el año en que me casaba. Un luthier amigo se ofreció a construirme otra, a mano y con maderas argentinas. Esta es su historia.
14:16 La versión corta
- Qué pasó: en el verano de 2006 le robaron a Mario Freiria su Yamaha Pacifica, la única guitarra eléctrica que tenía y con la que daba sus clases.
- Quién la hizo: el luthier Alberto, «El Fakir», se la construyó entera a mano, sin máquinas. Fue la primera guitarra completa que hacía.
- Maderas: guayubira, guatambú y kiri, tres maderas que se consiguen en Argentina, elegidas para lograr el mejor sonido con la menor inversión posible.
- Construcción: neck through, con un modelo similar a una Ibanez, puente flotante, trastes jumbo y micrófonos DiMarzio.
- Debut: prácticamente su primera vez en vivo fue en la fiesta de casamiento de Mario, ese mismo año.
Esta es la historia de una guitarra muy particular: una eléctrica hecha a medida, a mano y con maderas de Argentina, que no vas a encontrar igual en ningún lado. La cuento a raíz del «tag de la guitarra», una idea de mi amiga LoreMaryluGT para que cada guitarrista muestre cuál es su guitarra y por qué la eligió. Es para ti si te gustan las historias detrás de los instrumentos, si te da curiosidad cómo se construye una guitarra de luthier o si alguna vez perdiste una guitarra que querías.
El robo de mi Yamaha Pacifica
Durante años, mi guitarra fue una Yamaha Pacifica que me regalaron mis padres cuando tenía 15 años. La tuve 10 años. Hasta que en el verano de 2006 me la robaron y nunca más supe nada de ella.
Fue un golpe muy duro. Era la única guitarra eléctrica que tenía: la usaba para tocar y para trabajar, porque daba mis clases con ella. Hacía apenas un par de años que había empezado a poder vivir de la música. Y para colmo me casaba ese mismo año, así que no tenía los medios para comprarme una buena guitarra.
Un luthier amigo y una propuesta generosa
Ahí apareció Alberto, «El Fakir», un luthier amigo y, para mí, uno de los mejores de la Argentina. Mis amigos guitarristas de Berazategui, de Quilmes y de toda la zona sur de Buenos Aires seguramente lo conocen. Es muy humilde: no le va a gustar que hable así de él.
Alberto ya era muy reconocido. Hacía todo el trabajo de lutería, arreglos y colocación de trastes, y había construido mangos, pero nunca había hecho una guitarra completa, y tenía ganas de probar. Cuando le conté lo del robo, se ofreció a construirme una, y prácticamente lo único que me cobró fue la madera.
El plan era lograr la mejor calidad y el mejor sonido con la menor inversión posible. Por eso usó maderas de acá, en lugar de traer maderas importadas, y buscó un equilibrio en los accesorios: algunos buenos y otros no tan costosos.
En esa época Alberto ni siquiera tenía máquinas para construir guitarras. La hizo íntegramente a mano, y la terminó a tiempo: yo iba a tocar en mi casamiento con una banda de amigos músicos, así que el debut en vivo de esta guitarra fue prácticamente en mi propia fiesta. Si en ese momento hubiera tenido que comprar una guitarra de esta calidad, habría gastado cinco, seis o más veces lo que gasté. Es algo que siempre le voy a agradecer.
Tres maderas poco comunes en una guitarra
Alberto la hizo tomando las medidas de una Ibanez, y usó tres maderas que se consiguen en Argentina: guayubira, guatambú y kiri. Las dos primeras quizás las usan otros luthiers para algunas partes de una guitarra, acá y tal vez en países limítrofes. El kiri es la más extraña de las tres: no es una madera habitual en una guitarra.
Así está repartido todo:
- El cuerpo: las dos alas son de kiri, con una tapa veteada de guayubira arriba y una tapa central, también de guayubira, que en la parte de atrás se coloca sobre el mango.
- El mango: son cinco piezas de madera, dos de ellas finitas y largas. Las claras son de guatambú y la más oscura, de guayubira.
- El diapasón: también de guayubira, cortado de un sector del tronco que lo hace mucho más estable (en el video lo muestro con un gráfico).
La construcción es neck through: no hay un cuerpo con un mango atornillado, sino que el mango sigue de corrido por el centro de la guitarra y las dos alas del cuerpo se pegan a él. Eso da mucha comodidad para tocar en los trastes más altos.
Hecha para el heavy metal, y llena de detalles
En esos años yo tocaba mucho heavy metal, así que aproveché para que el modelo y los accesorios fueran adecuados para ese estilo:
- Micrófonos: en el puente y en el mango, dos de doble bobina DiMarzio Evolution, desarrollados para Steve Vai, con mucha potencia, muchos armónicos y un sonido con mucho peso y agresividad. En el medio, como también me gustaba tocar otros estilos, otro DiMarzio de corte blues y vintage, para tener una variante.
- Puente flotante: un puente chino súper económico, mucho más barato que un Floyd Rose. Lo compré pensando en cambiarlo por un Floyd Rose cuando empezara a fallar. Cuando grabé el video habían pasado más de 12 años y seguía funcionando muy bien.
- Trastes jumbo, un tamaño que siempre me gustó, y clavijas Gotoh, que no son de las más caras pero resultan bastante bien.
Y después están los detalles artesanales. El diapasón no tiene los puntos de siempre, sino rombos de nácar hechos a mano por Alberto, porque en esa época los círculos no me gustaban tanto. Las perillas de volumen y tono son de madera, con una incrustación de nácar en el frente, y las tapas traseras también son de madera. En el clavijero están mis iniciales, M y F, hechas en metal.
El resultado es una guitarra sin los accesorios más caros, pero con un sonido súper profesional. Me sirve para tocar en vivo y para grabar, sobre todo estilos pesados, aunque también funciona muy bien para blues y funk.
El diapasón escalopado y por qué la dejé de lado
Cuando grabé el video ya hacía tiempo que no la usaba en mis videos, por dos razones.
La primera es el mango, y tiene su propia historia. Al principio la pedí con el diapasón escalopado: más grueso, con la madera rebajada en forma de surco entre traste y traste. Después me arrepentí: me resultaba incómodo tocar casi con las cuerdas en el aire, y sentía la necesidad de apoyar en la madera. Para no tener que arrancar el diapasón y poner otro, Alberto lo lijó y lo dejó plano de nuevo. El diapasón quedó más fino y todo el mango también. Con el tiempo empecé a tocar Stratocaster, que tienen un mango un poquito más gordito, y como tengo manos y dedos largos, con esta guitarra me sobra mano: la siento casi de juguete. Eso sí, a la mayoría de las personas a las que se la presto les parece la más cómoda del mundo, y la verdad es que para mí tampoco es tan incómoda: me acostumbré a mangos un poquito más gruesos.
La segunda es estética. Tiene un laqueado que la hace hermosa a la vista, pero refleja demasiado la luz, y en los videos tenía que estar controlando cómo la movía para que no se notara. Por eso opté por otras guitarras.
Cuando grabé el video todavía no le había puesto nombre, porque nunca fui de ponerles nombre a mis guitarras. Pero sigue siendo única. Si te gustan estas historias de instrumentos hechos a mano, también te pueden interesar cómo fabricó Brian May su Red Special y la historia de la Les Paul de Slash. En el video te muestro la mía de cerca, parte por parte.
Mira la versión completa en video (14 min)
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- DiMarzio
- Yamaha Pacifica
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Al micrófono
Mario FreiriaProfesor y fundador de Tus Clases de Guitarra
Guitarrista y profesor. Estudió muchos años con Lapo Gessaghi y creó Tus Clases de Guitarra: su canal de YouTube tiene 4,4 millones de suscriptores y más de 150.000 alumnos aprendieron con sus cursos.